Comprar una Smart TV suele sentirse como una decisión cerrada: pagas, la instalas en casa y esperas que el aparato haga exactamente lo que promete. Pero en 2026 empieza a consolidarse una realidad incómoda para el consumidor: el coste de una televisión conectada no termina en la caja, porque el fabricante puede cambiar la experiencia meses después mediante una simple actualización. Y, según están denunciando usuarios en España, eso incluye algo especialmente intrusivo: tener que ver un anuncio para poder usar el televisor.
La polémica afecta, al menos, a televisores Hisense y también a modelos comercializados bajo marcas como Toshiba o JVC (en función del sistema operativo que monten). En foros y redes, varios propietarios han empezado a reportar que, tras encender el televisor, aparece un anuncio breve —de unos 5 segundos— no saltables, incluso antes de acceder a la televisión tradicional (TDT) o a la interfaz habitual. El caso ha llamado la atención después de que el medio BandaAncha.eu documentase quejas de usuarios a los que el anuncio se les activa “de un día para otro”, incluso con los consentimientos desactivados en la configuración.
Un patrón que se repite: el anuncio llega “por software”
El elemento que más enfada a los afectados no es solo la publicidad en sí, sino la sensación de imposición: no se trata de un banner en una sección de recomendaciones, sino de un contenido que interrumpe el uso normal de la televisión. En el foro de BandaAncha, un usuario describía que, al acceder a la TDT tras el primer encendido, su televisor mostraba anuncios de unos segundos “que no se puede saltar” aunque intentara salir con los botones del mando.
Ese tipo de comportamiento también aparece en hilos de Reddit vinculados a modelos con VIDAA OS, donde usuarios afirman que, desde un día concreto, el televisor reproduce un anuncio al arrancar antes de dejarles llegar a la pantalla de inicio.
La hipótesis más repetida es que se trata de un cambio introducido por una actualización progresiva del sistema —un despliegue por fases—, algo habitual en entornos conectados. En España, otros medios también han recogido reportes de incremento de publicidad en Smart TV Hisense, señalando que el fenómeno no se limita a una única app o a una única pantalla del sistema.
VIDAA OS y la monetización del salón
Para entender por qué ocurre, hay que mirar al sistema operativo. VIDAA OS es una plataforma basada en Linux impulsada por Hisense como alternativa a Google TV. No es solo un menú: es el “ecosistema” que decide cómo se presenta el contenido, qué se recomienda y, sobre todo, qué espacios publicitarios existen.
BandaAncha explica que el socio de Hisense en la parte publicitaria de VIDAA es Nexxen, compañía de tecnología publicitaria que explota en exclusiva las posibilidades de monetización del sistema. Y aquí entra un cambio estratégico que ayuda a entender por qué el volumen de anuncios puede crecer: Nexxen y VIDAA anunciaron la introducción de publicidad programática en inventario “premium” de Smart TV, es decir, espacios que tradicionalmente se vendían en acuerdos directos con grandes marcas y que ahora pueden entrar en circuitos automatizados de compra (subastas en tiempo real, DSP, etc.).
En un artículo del sector, se resume sin rodeos: la pantalla de inicio se convierte en una “valla publicitaria en el salón”, una frase atribuida a Kenneth Suh (CSO de Nexxen) en declaraciones recogidas por Digiday.
El dato que explica por qué ese espacio vale oro también aparece en esas publicaciones: según Nielsen, los espectadores pasan una media de 10,5 minutos en la pantalla de inicio antes de decidir qué ver, y VIDAA tendría alrededor de un 7,8 % del parque global de televisores conectados, lo que lo convierte en un escaparate atractivo para anunciantes.
El punto sensible: personalización, ACR y trazabilidad
La publicidad “a la antigua” era contextual: el anunciante pagaba por aparecer en un canal o franja. En Smart TV conectadas, el salto es otro: personalización basada en datos.
BandaAncha vincula esta capacidad a una función clave: el ACR (Reconocimiento Automático de Contenido), que permite perfilar intereses en función de lo que se ve o de cómo se usa el televisor. Y, más allá de declaraciones periodísticas, el propio ecosistema VIDAA describe una recogida de datos amplia en su “Aviso de la Ley de Protección de Datos” publicado en el sitio oficial de Hisense España: identifica categorías que incluyen identidad y configuración del dispositivo, conectividad (como dirección IP WAN), telemetría y diagnóstico, historial de visualización y uso, eventos de navegación, marcas de tiempo, y datos asociados a HbbTV cuando se usa.
Ese aviso también detalla elementos operativos relevantes para el usuario: se mencionan opciones de acceso a datos a través de my.vidaa.com, solicitudes a soporte, formatos de entrega por defecto como Apache Parquet, y criterios de retención (por ejemplo, archivado tras un periodo de almacenamiento para ciertos registros).
En la práctica, la combinación de ACR, telemetría y compra programática dibuja el mismo modelo de negocio que ya se ha visto en el móvil o en la web, pero con un matiz: el dispositivo está en el salón y su uso se percibe como “doméstico”, no como una plataforma publicitaria.
“Lo barato sale caro”: la TV como servicio, no como producto
La controversia reabre un debate que muchos fabricantes prefieren no verbalizar: parte del mercado de televisores compite con márgenes estrechos y precios agresivos. Y cuando el hardware se vende “barato”, el incentivo de monetizar con publicidad crece.
Lo que sorprende a los consumidores es el cambio de contrato psicológico. Nadie compra una tele pensando que, meses después, una actualización puede introducir una pausa publicitaria obligatoria al encenderla o al abrir un canal. Esa sensación de “producto premium” choca con la lógica de “plataforma financiada por anuncios”, un enfoque que el usuario suele aceptar —a regañadientes— en servicios gratuitos, pero no en un aparato que ya ha pagado.
Y aquí aparece el punto más delicado: el control. Si el anuncio aparece incluso con consentimientos desactivados, como relatan algunos usuarios, el debate deja de ser “me recomiendan algo” y pasa a ser “me condicionan el uso del dispositivo”.
Qué opciones reales le quedan al usuario
No existe una respuesta única, pero el caso deja varias conclusiones prácticas:
- Revisar ajustes de privacidad y publicidad puede reducir personalización, aunque no necesariamente eliminar formatos intrusivos si el fabricante decide imponerlos.
- Limitar la conectividad (por ejemplo, desconectar el televisor de Internet) puede frenar cambios y ciertos formatos, pero también recorta funciones: apps, actualizaciones, guía online, etc.
- Externalizar la “smart”: muchos usuarios terminan usando Apple TV, Android TV/Google TV, Fire TV u otros dispositivos externos para evitar depender del sistema del fabricante, aunque no es una solución universal.
Más allá de trucos, el debate de fondo es de derechos y expectativas: el consumidor compra hardware, pero recibe un servicio que puede cambiar. Y eso, en 2026, empieza a ser una conversación inevitable.
Preguntas frecuentes
¿Por qué un televisor Hisense puede obligar a ver anuncios tras una actualización?
Porque el sistema operativo (VIDAA OS) puede introducir cambios de monetización mediante actualizaciones y activaciones progresivas, según reportes de usuarios.
¿Qué es la publicidad programática en Smart TV y por qué importa?
Es compra automatizada de anuncios mediante subastas en tiempo real; puede aumentar el número de anunciantes y campañas que compiten por aparecer en pantallas “premium” como la home.
¿Qué datos recoge VIDAA según el aviso oficial?
El aviso describe categorías como identidad del dispositivo, conectividad, telemetría, registros de eventos e historial de visualización/uso, entre otras.
¿Cómo puede minimizarse la exposición a este tipo de publicidad?
Revisando ajustes de privacidad/consentimiento, valorando limitar la conectividad del televisor y, si se busca más control, usando dispositivos externos para apps y streaming (con sus pros y contras).
